lunes, 16 de febrero de 2009

Drogas, militares y policías: más allá de República Dominicana

Cuando todavía están frescos los casos de Baní y Bonao, y las declaraciones del presidente Leonel Fernández en las que admitió que el narcotráfico, con todas sus funestas consecuencias, había penetrado en las filias militares, se anuncia el arresto de 27 agentes policiales acusados de vínculo con los narcotraficantes.

Hay que recordar que a raíz de la matanza de siete personas, en Paya, Baní, ocurrida hace 5 meses, fueron muchas las voces que llamaron la atención sobre el nivel de infiltración que había logrado el narcotráfico en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

Entonces fueron trasladados casi todos los policías y militares, incluso a los miembros de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) de la provincia Peravia.

Hace un mes, en Bonao fueron puestos bajo investigación 22 agentes que prestaban servicio en esa ciudad y que, alegadamente, recibían dinero de parte de un sospechoso de narcotráfico con gran influencia en el Cibao Central.

Con el presente caso anunciado por el jefe de la Policía Nacional, Rafael Guillermo Guzmán Fermín, se pone al desnundo lo que para muchos ciudadanos y ciudadanas era un secreto a voces.

Semanas antes corrían versiones sobre lo que ocurría en la provincia de Puerto Plata, en donde aparentemente una parte de la dotación policial había hecho causa común con narcotraficantes y otros delincuentes.

Las preocupaciones y esfuerzos del Gobierno, en las personas del presidente Leonel Fernández y de los jefes militares y policiales, son válidos y merecen el apoyo de la población.

Sin embargo, debe mover a reflexión profunda, y no precisamente para un tonto consuelo, el hecho de que este fenómeno va más allá de la República Dominicana y no es nuevo.

Con profundo dolor observamos lo que ocurre en Estados Unidos, Haití, Colombia y México, por sólo mencionar algunos casos de países hermanos.

La guerra contra las drogas ilegales ha resultado excesivamente costosa para los estados y los pueblos en casi todo el mundo, y hasta el momento los resultados no han sido los esperados.

Los cárteles internacionales del narcotráfico, si bien en algún momento parecen aniquilados cuando caen sus principales jefes, se transforman y crean nuevas modalidades para operar y burlar la autoridad y la justicia.

El consumo de marihuana, cocaína, heroína y sus deviados, aparentemente, sigue en aumento, porque de lo contrario no se explicarían el auge de los cárteles y las ganancias millonarias que obtienen de este ilícito comercio.

Es curioso, incluso, que un pueblo como Afganistán, ocupado militarmente por Estados Unidos e Inglaterra desde 2001, ahora produce y trafica mucho más heroína que antes de ese año.

Talvez ha llegado el momento para que las naciones líderes del mundo -si no por derecho, de hecho- comiencen a revisar las políticas y programas que hasta ahora se han aplicado para combatir la producción, venta y consumo de drogas.
Fuente... Cavedigital

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